La presencia del vino en Va­len­cia data de tiempos muy antiguos, así con anterioridad a la llegada de los ro­ma­nos, el cultivo de la vid y la eno­lo­gía en tierras va­len­cia­nas se evi­den­cia en los nu­me­ro­sos ob­je­tos encontrados, que ha­cen re­fe­rencia al vino.

Pero es durante la ro­ma­ni­za­ción cuan­do la viticultura y el comercio del vino van a ad­qui­rir una gran im­por­tan­cia. Los frecuentes ha­llaz­gos de ánforas vinarias en aguas próxi­mas a la ciudad de Valencia, ponen de ma­ni­fies­to la intensa actividad comercial de algunos puntos del litoral valenciano desde donde se ex­por­ta­ba vino hacia otras fronteras, así la ciudad de Sagunto era considerada ya, como un foco vitícola importante.

También numerosas exal­taciones de poetas mu­sul­ma­nes ha­blan­do del vino y sus ex­ce­len­cias junto a ob­je­tos ­co­mo co­pas, jarras y ce­rá­mica, hallados en di­ver­sas lo­ca­li­da­des de Va­len­cia, dan fé de la importancia de la vi­ti­cul­tu­ra valenciana du­ran­te el dominio árabe.

Los siglos posteriores la ac­ti­vi­dad vitícola se­gui­rá ex­ten­dién­do­se y ad­qui­rien­do ma­yor fuer­za. En la ac­tua­lidad el cul­ti­vo de la vid en Va­len­cia re­pre­senta la prin­ci­pal fuen­te de riqueza para una im­por­tan­te par­te de su po­bla­ción agrí­co­la.

Clima, sol y suelo me­di­te­rrá­neos, unidos a una ma­te­ria prima privilegiada, ha­cen po­si­ble la ela­bo­ra­ción de unos vinos con una gran per­so­na­li­dad y ca­li­dad ex­ce­len­te.